Domingo , 22 octubre 2017

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LA IMPORTANCIA DE LA ACTIVIDAD FÍSICA PARA EL TERAPEUTA MANUAL

 

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Como terapeutas manuales exigimos a nuestro organismo una demanda física considerable, necesaria para llevar a cabo todas las actividades que realizamos durante el día, tanto a nivel profesional, como personal. Es por ello que, luego de largas jornadas de trabajo con pacientes a los que realizamos tratamientos, solemos llegar cargados y extenuados, física y emocionalmente, a casa.

Por tanto, es fundamental tener en cuenta el cuidado de nuestra salud física, pues es evidente que un terapeuta en buen estado realizará mejores y más asertivos tratamientos. A continuación recomendamos la realización de algunos ejercicios para el cuidado específico de nuestra línea de trabajo y que se puedan incorporar fácilmente en nuestras rutinas diarias.

En líneas generales, estos ejercicios deben consistir en:

· Adecuados estiramientos dinámicos: es decir aquellos que otorguen más libertad a las articulaciones por estar provistos de movimiento. La resistencia muscular dinámica puede valorarse cuando ejecutamos tantas repeticiones como nos sea posible, siempre y cuando notemos la afluencia de flujo sanguíneo en cada repetición.

· Precalentamiento: sobre todo de la mano, pudiendo realizar estos ejercicios con la ayuda de artefactos que den resistencia a la mano (como la pelota antiestrés, por ejemplo) y que a la vez tienen la función de preparar los tendones y la musculatura previamente al trabajo físico.

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· Alargamiento de los músculos: debemos mejorar la elongación de la musculatura para evitar que nos sobrecarguemos al mantener una postura fija durante mucho tiempo, a la cual no estamos acostumbrados o que solo ejecutamos en cabina.

· Tonificación de los músculos: si nunca has realizado alguna actividad física, se aconseja realizar ejercicios que aseguren la mejoría del tono muscular, realizándolos siempre de manera guiada para evitar lesiones o una ejecución inadecuada. Ejemplos de estos ejercicios pueden ser pilates o entrenamientos funcionales, es decir, actividades que trabajan con el propio peso de nuestro cuerpo.

Todas estas son recomendaciones claves para ayudar a calentar manos, hombros y la zona torácica superior, y que al mismo tiempo ayudan a mejorar la movilidad de todo el cuerpo y evitar lesiones.

De igual forma, debemos enfocarnos en el trabajo del CORE (zona del abdomen) pues es importante mantener siempre de forma consiente la contracción del abdomen y realizar la respiración diafragmática de manera regular, ya que al mantener un equilibrio del abdomen y control de la respiración, tu fatiga será menor.

Lo importante es realizar actividades que aumenten nuestra capacidad pulmonar, ya que a mayor capacidad pulmonar, menor agitación física al realizar el masaje. No se trata simplemente de controlar la respiración de modo consiente, sino de fortalecer la musculatura que interviene en el proceso de respiración mediante la realización de ejercicios que faciliten el autocontrol en nuestra zona abdominal.

Para lograr este control puedes tomar clases guiadas de hipopresivos, por ejemplo. También, recomendamos realizar algún tipo de ejercicio cardiovascular, es decir aquellos que procuran mantener una actividad física durante un tiempo determinado con un latido constante. Actividades como el running o el spining, son altamente recomendadas. Otras como caminar casualmente del trabajo a casa, sin la consciencia del cuidado de la postura -biomecánica-,  del movimiento articular y un calzado adecuado, pueden ser más perjudiciales para el  desgaste en nuestras articulaciones. recordar que hablamos de tonificar y el caminar en nuestra profesión, en la  que estamos de 7 a 12h diarias de pie, no sería suficiente y poco beneficioso.

Además, no debemos olvidar prestar atención a nuestras extremidades inferiores, puesto que es fundamental mantener una buena resistencia de la musculatura de las piernas, en especial los cuádriceps, para que durante el masaje dejemos caer el peso de nuestro cuerpo en ellos y así evitar la sobrecarga lumbar.

Una clave para la resistencia

Una forma de saber si nuestras piernas cumplen con una buena higiene postural a la hora de trabajar, es realizar una sentadilla sin peso, contra la pared. Se trata de una prueba sencilla que permitirá saber si compensamos con las lumbares al momento de levantarnos o si realmente realizamos un movimiento limpio con nuestras extremidades inferiores cuando ejecutamos el masaje, específicamente cuando queremos distribuir el peso de manera equitativa, alternando de una extremidad inferior a otra para no sobrecargar la zona lumbar.

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Adicionalmente, existen ejercicios que son utilizados por profesionales de la salud, muy eficaces, tanto para prevenir lesiones durante la ejecución del tratamiento, así como también una vez se haya producido una lesión.

¿Qué hacer en caso de lesiones leves al terapeuta?

Prevención y rendimiento físico

En la práctica profesional, el terapeuta no está exento de sufrir alguna lesión producto de posturas inadecuadas, por lo que recomendamos mantener siempre una higiene postural que permita la buena praxis y prolongar una buena salud (para mayor información puedes leer más en nuestro artículo sobre el tema).

Sin embargo, no se trata de enfocar este aspecto únicamente desde una perspectiva de conciencia corporal, sino además debemos procurar trabajar el tono muscular para fortalecer nuestra postura. Recuerda siempre mantener erguidas tus cervicales y que tu mandíbula esté relajada, ya que se tiene la tendencia de inclinar el cuello a al hora de realizar el masaje. Trabaja siempre de manera bilateral en la camilla, alternando de un lado al otro, para evitar las descompensaciones musculares.

Ante una lesión que requiera una inmovilización parcial o total del área afectada, durante la recuperación generalmente se recomienda no mover la parte lesionada, para fomentar la regeneración de los tejidos mediante el reposo. No obstante, esta inactividad puede llegar a causar que los músculos se vuelvan rígidos. Esto ocurre debido a una considerable reducción de la demanda física, y que el oxígeno y el flujo de sangre a la zona también se reducen, lo que resulta en una sensación de rigidez indeseada para el tipo de actividad que realizamos los terapeutas manuales.

Para evitar este estado de rigidez, recomendamos ejercicios simples como los círculos de Lewis, actividad que involucra a los músculos en el área torácica, el cuello y la parte superior del hombro. A medida que realizamos el ejercicio, el resultado final será la participación y el alargamiento de los músculos, aumentando así el flujo sanguíneo y mejorando nuestra circulación.

Círculos de Lewis

Comienza por colocar las puntas de los dedos suavemente sobre la parte superior de los hombros, en forma de acortamiento de palanca. Liderando con los codos, reúnelos en frente de tu pecho. Con los dedos en los hombros y los codos delante de ti, comienza a moverte en de forma circular. (Ver figura 1)

Posteriormente, levanta los codos hacia las orejas y luego baja los codos hacia el lado de estiramiento de los músculos pectorales y los músculos del pecho. (Ver figura 2)

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De esta manera debes repetir continuamente la acción para llevar los codos de nuevo a la parte frontal del pecho, dando vueltas lentamente. Repetir cerca de unas cuatro veces en una dirección y luego en la otra dirección. Con el fin de involucrar a la zona cervical, mientras llevas los codos juntos delante del pecho, baja la barbilla hacia el pecho. Debes sentir un alargamiento suave de los músculos posteriores del cuello. A medida que llevas los codos hacia el límite, debes levantar tu cabeza hacia atrás, hasta el horizonte.

Toda esta actividad va a actuar sobre los músculos del pecho, el manguito de los rotadores y el hombro, la escápula, la espalda y los músculos cervicales, zonas más cargadas durante y después de la práctica profesional.

Recuerda que debes moverte lenta y controladamente, y no olvides que llevar un ritmo en la respiración fomentará una mejor recepción del ejercicio. El movimiento debe ser libre de dolor ya que nunca debes intentar prolongar el trabajo físico ante la presencia de dolor en las áreas que sufren impacto durante la realización de masajes (codos, cervicales, hombros, etc.) ya que el dolor es una señal de alerta que, de ser escuchada a tiempo, puede ayudarnos a prevenir complicaciones o futuras lesiones.

Otros ejercicios antes de efectuar masajes

Sentadillas: Apoyando la espalda en la pared, flexionar las rodillas unos 45 grados, las rodillas no deben quedar más adelante que la punta de los pies, esto conllevará a una presión excesiva de la rótula y agravar la lesión. Realiza 8 repeticiones de 20 segundos descansando 20 segundos entre ellas.

Abanico: abrir las manos, y en forma de abanico efectuar un giro en el que dedo a dedo se va cerrando la mano dejando el pulgar en último lugar por fuera de la mano. A continuación abrimos la mano colocando el pulgar junto a la palma y efectuamos el abanico empezando por el índice. Es importante girar al máximo la mano.

Rotación: Giro sobre su propio eje hacia la derecha e izquierda dedo a dedo de las dos manos, varias veces.

Circunducción: Giro de máxima amplitud, dedo a dedo también, hacia un lado y hacia el otro.

Hiperextensión dedo por dedo: protegiendo con el pulgar la articulación metacarpofalangica, efectuamos una hiperextensión de cada uno de los dedos, poco a poco hasta la máxima amplitud.

Hiperextensión de toda la mano: igualmente y con los dedos juntos, efectuamos una hiperextensión de toda la mano, pulgar incluido, empezando por la región. Hiperextensión de toda la mano palmar y terminando en los dedos.

Posición de yoga: juntar las manos y separar las palmas a la altura de la articulación metacarpofalangica.

Presionar las yemas de los dedos: presionar con fuerza y soltar las yemas de los dedos.

Cruzar los dedos y estirar: cruzando los dedos estiramos las manos y brazos.

Con manos cruzadas, subir y bajar pulgares: con los dedos cruzados, subimos y bajamos pulgares, retorciendo al máximo las manos.

Círculos del pulgar sobre el índice: con el puño cerrado, pasamos el pulgar sobre el índice efectuando un movimiento de giro lo más amplio posible, siempre en el mismo sentido, en dirección hacia afuera.

Tocar las uñas con el pulgar: mano en posición supina, con los dedos flexionados, el pulgar pasa del meñique al índice dedo a dedo vuelve hacia atrás y repite el movimiento. De manera que una está con el puño cerrado y la otra abierta y al contrario, de forma simultánea y rápida.

Circunducción del carpo: con la mano cerrada, circunducción del carpo (muñeca), en todas las direcciones.

Movimiento rápido y alternado de las manos: hacia los lados y adelante, con la muñeca suelta.

 

Todas las recomendaciones explicadas anteriormente hacen referencia al mínimo de higiene postural que un terapeuta debe procurar antes, durante y después del masaje, por lo que se trata de ejercicios que deben mantenerse instaurados en nuestra rutina diaria, a modo de filosofía quizá. Además, recomendamos que su ejecución no genere estrés, al contrario, debemos entender que se trata de actividades que deben ser vistas como ese momento del día en el que estamos trabajando en nosotros, en el mantenimiento de nuestra condición física y emocional que es tan necesaria para llevar de buena manera nuestro ritmo de trabajo.

Además, a medida que incrementamos nuestro trabajo como terapeutas, más debe ser el aumento de la fuerza y de la resistencia.

Y por supuesto: recuerda ir también a tu terapeuta, para descargar esas zonas de carga que anatómicamente nos es imposible elastificar.

Si tenemos en cuenta esta serie de recomendaciones, conseguiremos conservar nuestra espalda, brazos, cuello, piernas y manos saludables, fuertes y con un tono muscular adecuado, condición física necesaria para realizar una actividad como la nuestra: ofrecer estados de bienestar corporal y mental a los demás.

 

Arnaldo A. Alejo.

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